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Con las manos en la cubierta, un migrante iraquí encuentra su vocación en otro país

Giurgiu – Si bien cuando llegó a Rumania fue la primera vez que ponía sus pies sobre una lancha, Othaman ahora se encarga de fabricarlas.

Othaman parece haber encontrado su verdadera vocación en una de las pocas empresas que en Rumania se dedican a la producción de botes a motor. “Acá yo hago todo, desde los cascos con fibra de vidrio hasta los accesorios y el mobiliario”, explica.

Dice que es una actividad poco común para un iraquí, pero en la ciudad de Giurgiu, al sur de Rumania, muy cerca del río Danubio, en cierta manera a él le resulta natural hacer este trabajo.

La historia de cómo Othaman terminó en Rumania comienza hace más de cuatro años, cuando se embarcó por la Ruta de los Balcanes Occidentales y se encontró, como muchos otros compatriotas, varado en la frontera que separa a Bulgaria de Rumania.

Su camino hacia una vida mejor parecía estar en un callejón sin salida puesto que él siempre se había imaginado a sí mismo empezando una nueva y excitante vida en algún lugar de Europa Occidental, pero algo que al principio pareció ser un impasse se convirtió en una gran oportunidad para recomenzar.

“Descubrí mi pasión y amo lo que hago”. — Othaman.
OIM/Andrei C. Radu

Mientras esperaba que se le concediera protección internacional en Rumania, Othaman tuvo la oportunidad de aprender más sobre la ciudad en la que se encontraba. Muy pronto descubrió que esta pequeña ciudad portuaria sobre el río Danubio era una comunidad increíblemente amistosa con los migrantes y poco a poco empezó a establecerse.

Con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y una entidad asociada, NGOAIDRom, logró encontrar un trabajo que de a poco empezó a amar. “Estoy muy feliz de haber podido aprovechar los conocimientos de mecánica que traje desde mi lugar de origen”, confiesa.

Dice que también se siente muy orgulloso de poder fabricar, además de lanchas, botes de pontón que permiten que las comunidades aisladas de Rumania puedan conectarse con el resto del mundo. “He descubierto mi pasión y amo lo que hago”, dice Othaman con total simpleza.

Fue también en su lugar de trabajo en donde conoció a su actual pareja que es de Rumania. Está muy agradecido de haberla conocido y por la paciencia que ella tuvo mientras él aprendía el idioma. Van juntos a trabajar cada día e incluso si él pasa muchas horas en el taller mecánico y ella en la oficina, juntos hacen muchas cosas.

Cuando él llegó a Rumania—un país del que no sabía mucho—estaba seguro de que tarde o temprano iba a regresar a su país.

Ahora no tengo razón alguna para irme de acá. Si bien es verdad que a veces el lugar de uno suele ser mejor, esta regla no aplica si en ese lugar te sientes constantemente amenazado”.

En el taller, Othaman conoció a su pareja rumana que ahora lo está ayudando a aprender el idioma.
OIM/Andrei C. Radu

Othaman es uno de los más de 5.500 nacionales de terceros países que han recibido apoyo por medio de programas de reintegración coordinados por la OIM y sus asociados.
OIM/Andrei C. Radu

Othaman es uno de los más de 5.500 migrantes que han recibido apoyo a través de los programas de integración coordinados por la OIM y sus asociados en los últimos dos años. Estos proyectos apoyan la integración socioeconómica y cultural de los migrantes por medio de la provisión de servicios integrados basados en las necesidades de las personas.

Una de esas iniciativas es el InterACT, un proyecto a través del cual se estableció una red de puestos de una sola parada en cinco ciudades de Rumania. Aquí las personas como Othaman pueden acceder a información muy útil, aprender el idioma local, familiarizarse con la cultura de la comunidad de acogida y recibir asesoramiento acerca de cómo acceder a oportunidades de empleo.

La promoción de la interacción intercultural y del diálogo entre los migrantes, sus comunidades y las comunidades de acogida se hace por medio de asesoramiento ofrecido por voluntarios de la comunidad de acogida o a través de mediadores interculturales.

Historias como la de Othaman se han vuelto cada vez más comunes en Rumania y la OIM está ayudando a brindar oportunidades para el progreso tanto para los migrantes como para las comunidades que los acogen.

Othaman fue muy exitoso en relación a aprender todas las cualificaciones necesarias para la fabricación de lanchas y gracias a su adaptabilidad y a su ejemplar ética de trabajo muy pronto se convirtió no solamente en un empleado destacado sino también en un compañero de trabajo muy popular.

A la hora del almuerzo todos los empleados que trabajan en el taller se reúnen a la orilla del río Danubio para escuchar las historias de Othaman que siempre entretienen. Sus compañeros de trabajo dicen que sienten como si él hubiera sido siempre parte del equipo.

Dice que si bien su vida dio un giro inesperado, al final todo salió muy bien. Othaman cree que en algún punto en esta vida todos necesitamos que nos den una mano. Lo importante es saber capitalizar cualquier oportunidad que se nos presente y ser lo suficientemente flexibles.

La iniciativa InterACT fue financiada por el Programa Nacional – Fondo de Asilo, Migración e Integración, y es implementada en sociedad con la Fundación de Servicios Sociales Schottener de Bucarest, con AIDRom, y con Global Help Craiova. Para más información acerca del proyecto puede visitar: romaniaeacasa.ro.

Esta historia fue escrita por Lucian Știrb, Oficial de Comunicaciones de la OIM Rumania, lstirb@iom.int.